domingo, 18 de mayo de 2008

Es temprano como nunca había estado despierto un día domingo, salvo cuando era pendejo e iba a misa. Afuera hay una tormenta de viento y lluvia pero de las grandes, con cielo color marshmellow, truenos prometiendo destrozar tu techo y gente perdiendo sus paraguas por los aires mientras cantan el soundtrack de alguna película amigable de TCM. La magia del sur. Cosas que están en mi ADN y nunca podré negarlas, como las sopaipillas sin nada o el pan francés. Anoche posteé muchas estupideces en muchos lados y ahora, down y bajo ninguna influencia psicotrópica, me cago de la risa leyéndolas. Soy más divertido cuando estoy high, pienso. Lo que tampoco es mucho decir, claro. En un rato bajaré e iré al Essomarket por El Mercurio -sí, adoro leer El Mercurio los domingos, me hace sentir un padre de familia- y un Watts de durazno, el remedio infalible para la deshidratación post-mezcla de vodka con Dr Pepper y marihuana elepeniana. La idea se me hace cuesta arriba: hace frío, mi única parka está quemada porque el muy idiota la pegó a la estufa a gas de una amiga y, claro, es domingo y hay toda una tradición nacional pajera por rescatar de las garras del capitalismo.

¿Para qué quiere uno un blog cuando tiene twitter? ¿Para qué quiere uno el social networking cuando hay vida afuera? Para no mojarse con las tormentas de Temuco, obvio.

A ratos la lluvia y el viento hiperventilado paran y surge un silencio sepulcral y desesperante. Me gusta. Tanto como me gusta no usar más de dos adjetivos por vez. Me desespera la gente que enumera adjetivos cuando escribe. ¿Realmente a alguien le pueden pasar tantas cosas al mismo tiempo? Multitask emocional. No me parece muy creíble. Sólo demuestra que has pasado demasiadas horas de tu vida frente a un diccionario. Ok, yo jarcoreo un sábado en la noche con el computador en mis rodillas, pero entiéndanlo: en Temuco hace frío y hay que buscar soluciones rápidas a eso: chalecos feos, alcohol barato, distancia interpersonal, lo que sea.

Escucho los truenos como si vinieran de las entrañas de las paredes de mi pieza y, vaya uno a saber por qué, pienso en cuánto extraño la sensación adolescente de embalarme con algo o alguien y no parar hasta conseguirlo. Cuando dejas de tenerla es cuando te convertiste de plano en un adulto, pienso. Cuando cachas que puede que sea más el tiempo de vida ya vivido que el que tienes por delante, y no hay tanto tiempo para ir probando. Miras tus fotos de pendejo e inmediatamente imaginas a tus descendientes viéndolas y pensando "qué onda, así era el abuelo, qué rancia era la gente en el 2008, mira con lo que se entretenían, BLOGS".

2 comentarios:

Totis dijo...

Pa no mojarse en las tormentas pero ser atormentada y hablar por telefono en los balcones ya sea colgando y asomadita.

Espero ese taller santiaguino con ansias.

Saludos!!

herma dijo...

"tu imaginación de programa en vivo...."


hoola

stepha