miércoles, 30 de junio de 2010

freud

-sueño 1: tengo que volver a cuarto medio. un all-time classic de mi galería de sueños, que aparece y desaparece de forma aleatoria en mi vida. el de ayer fue con una variante: tenía que llevar un certificado que acreditara que estoy trabajando para poder faltar a clases sin que me echen (!). llego a mi colegio -que acaba de ser semi-demolido en su parte más antigua, afectada por el terremoto- y veo que comienzan a caer escombros hacia la vereda. aparece una escalera mecánica hacia la nada, como en ese capítulo de los simpson donde compran el monorriel. la subo porque es la única forma de escapar de la lluvia de escombros. dejé el certificado botado en la vereda, noto. subo los peldaños de dos en dos, para llegar más rápido a la nada. comienzan a faltar algunos peldaños. primero uno de cada dos, luego dos de cada tres. es imposible subir.

-sueño 2: tengo que cuidar al sobrino de mi amigo L., que tiene un año y medio. estoy en un pasillo color amarillo pálido, triste, entre hospital y colegio, pero no tengo claro qué es. sólo sé que debo cuidarlo hasta que su madre vuelva a buscarlo. su madre que, en el sueño, no es la hermana de L., sino mi hermana. le canto a mi sobrino una canción de weezer, le hago morisquetas y se ríe. afuera llueve torrencialmente y desde la ventana veo interiores de edificios grises, tristes, en mal estado. llegan dos de mis hermanas a buscarlo. lo toman. lo toman mal. lo dejan encima de una estufa a combustión lenta. se les cae. me asusto. las trato de estúpidas. la cabeza choca con las baldosas del piso y suena. me acerco a la guagua botada. es un muñeco.

-sueño 3: bebo cervezas en una pieza del hyatt con mi amigo G. sé que es el hyatt porque se ve el cruce de kennedy por la ventana, con autos pasando como hormigas para todos lados. somos como pete doherty, pero sin fama, sin supermodelos y sin medicaciones contra el desorden bipolar. G. amenaza con tirarse, yo le digo que no joda, que se espere a que se acabe el alcohol. llegan dos tipos gordos, que no conozco. todos bebemos. sé que debería estar en mi casa de bilbao porque una chica linda, un perro piola y un plato de comida bajo en grasa me esperan. pero sigo bebiendo. uno de los tipos se pone a tocar la batería. canto pero no me sale la voz, un clásico de los sueños. aparece una chica que fue compañera de diplomado en santiago, se me pone encima y me dice "no me importa que tomes tanto, llámame más tarde?". estoy ebrio y tengo la convicción de que si no despierto me voy a morir.

-sueño 4: estoy en mi casa de antes, la de san martín. hay un cumpleaños o algo así. la misma chica del sueño anterior está sentada en el sillón donde mi abuela pasaba todo su día viendo televisión española y lamentándose. guirnaldas, gorritos, coca cola y fanta a destajo en la mesa. le digo a la chica "no deberías estar en el sillón de mi abuela, es como si tú fueras ella". me hace caso, se cambia de sillón y mi abuela, que surge de repente, ocupa el lugar que le corresponde. afuera es de noche y la luz es café, como de ampolleta vieja que está a punto de quemarse. le pido perdón a mi abuela por algo. ella no me escucha y mira hacia adelante, como cuando miraba la tele con devoción. entiendo que está tranquila en su mundo y yo no debería hablarle porque la interrumpo. muevo mi cabeza hacia el otro lado. aparece mi abuelo, su esposo. al lado, una señora cuarentona de pelo rojizo que no sé quién es. otra persona más, probablemente un hombre. entiendo que los tres me vienen a ver, y entiendo que no debería molestarlos mucho. abrazo a mi abuelo, que murió cuando yo tenía 9 y no me dejaron ir a su funeral en osorno porque "eres muy chico". lo veo más joven que lo que lo recuerdo. despierto, en casa ajena, y no puedo volver a conciliar el sueño hasta que amanece.

jueves, 17 de junio de 2010

we can be heroes, just for one day

Los chicos del viernes hablan de mujeres en voz alta, pero no tienes que creer todo lo que dicen. Todas las chicas tienen el corazón roto. Las carreteras están atascadas durante el fin de semana. Todo el mundo quiere estar lejos de donde ha nacido. Al menos el viernes por la noche. Los bares ya no dan dos por una y en esta ciudad tienes que ganar mucho para poder beber en el centro. Los camareros han enterrado sus sonrisas porque es viernes por la noche y la gente coge todo lo que brilla. Con o sin permiso. Las niñas bonitas siempre son las que están más tristes porque saben que hay más tíos dispuestos a hacerles daño. Las niñas feas se dejan ir y bailan toda la noche solas, o unas con otras, y no tienen suerte ni atrayendo las desgracias. Los tíos con coche juegan con los dados trucados y los que tienen dinero nos están viendo a todos las cartas. Las madres no duermen por la noche porque saben que duele pero también que no hay nada mejor y no acaban de decidir qué es más peligroso. No hay nadie que no dispare los viernes por la noche, ni hay quien esquive los disparos. Sé que no puedo esperar que estés siempre sola, lo único que te pido es que no te lo creas todo. No te fíes de los anillos de oro, ni de las carrozas de plata. Todos mentimos bien los viernes por la noche.

Ray Loriga, Heroes